Ante el anuncio del Sr. Ciparelli, presidente de la Comisión de la Fiesta provincial del Caballo de Bragado, de que el epicentro de la “fiesta del pueblo”, se trasladará al circuito que se encuentra junto a la estación de ómnibus, dada el miércoles 6, víspera del Día del Periodista y como homenaje a los periodistas locales, debo decir que me da mucha pena la decisión del Sr. Intendente municipal Aldo San Pedro.
Recibí la invitación a la cena el mismo miércoles a la tardecita, llamado mediante del Dr. Alejandro Allignani, ex presidente de la comisión, quien le diera a la fiesta, en sus más de diez mandatos, un brillo y una distinción que hemos reflejado en El Tradicional, incluso con una tapa donde se lo ve a Allignani de a caballo junto al gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey.
Pero vamos al punto; cuando digo “Fiesta del pueblo” es porque así reconoce la gente una fiesta que caracteriza a una localidad, indudablemente.
La “Fiesta del Caballo de Bragado” como se la conoce, es el símbolo de la ciudad y no solo en el ambiente tradicionalista, sino también en los miles de argentinos que se interesan por las actividades relacionadas a nuestra identidad campera.
Si bien la jineteada y los campamaentos se seguirán haciendo en la laguna (también se quería evitar) y el desfile recorrerá la ciudad; quitarle al pueblo la fiesta que se genera los viernes y sábados en los alrededores de la plaza central, es quitar el espíritu de pertenencia de la gente de Bragado, que inunda las calles.
Además, las peñas-parrilla que se arman en derredor de la plaza, constituyen un importante ingreso para cooperadores, colegios y otras instituciones que seguramente verán disminuídos sus ingresos al obligarlos a plantarse en el predio fuera de la ciudad.
Además me pregunto ¿y la exposición de artesanos “Ana Bartolomé” que se hace en la Escuela Número Uno?, ¿qué va a ser de ella si nadie va a estar en la ciudad durante los tres días centrales de la fiesta?
¿A quién molesta tanto esta fiesta?
A mi tampoco me gustan los puestos de venta de CD y pavadas chinas, y menos la cumbia sonando en la calle, en una fiesta como esa, pero como se me ha explicado oportunamente; esos puestos están concentrados en un lugar y generan un ingreso para la realización de la fiesta, que paga el hotel y la comida de los artesanos invitados a la Escuela; de los jurados, conferencistas e invitados especiales: una fiesta que fue de lujo, espero que no se arruine. Hago votos porque el Sr. Ciparelli pueda tomar los recaudos necesarios para que esta fiesta siga siendo considerada una de las más prolijas de la Pcia. de Buenos Aires. La gente que se moviliza anualmente y el tradicionalismo, lo merecen.
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