Yo siempre pensé que cortar una calle y prohibirle la libre circulación a los ciudadanos, estén trabajando o no, era un delito.
Siempre imaginé, también, que estar encapuchado y con un palo grueso en la mano, golpeando el piso, además de estar cortando una calle, también era un delito.
Después comencé a escuchar a quienes decían que no se reprime la delincuencia, por aquello, tal vez, de que la palabra “reprimir” remite al goboerno de la dictadura, pero siempre me pareció un reduccionismo para la gilada.
La Corte de La Haya nos destrozó, ante la inoperancia de los que nos quieren convencer de que no perdimos y de que la verdad, los curramos a los uruguayos, pero ellos no se dieron cuenta.
Cuando pedíamos que desalojen las calles de piqueteros, nos explicaron que eso no se hace. Cuando se pidió que le hagan juicio a los que hacían perder el presentismo a sus semejantes (a los que laburan claro), entre otros perjuicios, nos dijeron que era judicializar las protestas.
Ahora perdieron en La Haya, y como no quieren acatar a la justicia desalojando a los piqueteros de Gualeguaychú, les van a hacer juicio, o sea, ahora ellos judicializan la protesta, método que no querían aplicar con sus acólitos.
Los del corte, ya sin apoyo popular por el desgaste de su metodología, no se mueven; los piqueteros de Buenos Aires no dejan de cortar avenidas y calles. La justicia no puede hacer nada y el que puede hacer no hace nada.
¡Qué corno me interesa el mundial!
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