Acabo de ver por televisión, una discusión en la legislatura española entre José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, y un opositor, quien le dijo, mirándolo a los ojos y de pié, que por favor de un paso al costado y deje que se realicen elecciones para que el pueblo decida quien pilotea esta tormenta económica que ha caído sobre gran parte de Europa.
Al margen de que yo piense que las elecciones hay que esperarlas y no apurarlas, y no por defender a Zapatero, vi también como él se ponía de pié para contestarle respetuosamente, sin sorna y sin desprecio a quien le pidiera, momentos antes “un gesto de dignidad política”.
Zapatero hizo su descargo y se sentó, aplaudido por su parcialidad, al igual que su interlocutor.
Pero una discusión política no llamaría la atención en nuestras pampas, si no fuera porque se llevó a cabo entre el presidente y un miembro de la oposición, con absoluto cuidado de las formas, los dos de pié y mirándose.
Mucho debemos aprender aún.
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