Colocamos una repisa colgante en el dormitorio de mis hijos (varones). Es una repisa histórica dentro de la familia, ya que pasó por el cuarto de mi hermana, el mío, y luego entró a alguno de los cuartos de mis “angelitos”, no se si por el de mi hija mayor.
La cuestión es que una vez mudados a la nueva casa, y cansado de patear libros, Martín tomó la máquina de hacer agujeritos, penetró lo suficiente en la dura pared para meter el taruguito de plástico, que reemplazó al “ramplum” (o como se llamara), y al viejo taruguito de madera.
La repisa tiene tres estantes y es larguita. El tipo, confiadamente la llenó de libros y algunos recuerdos de su infancia. Con la misma carga, libro más, libro menos, estuvo colgada quince años en la casa que dejamos.
Hoy a eso de las diez de la mañana, escuchamos un ruido tremendo que parecía no terminar nunca, como algo que cae de a poco. Póngale… un alud.
Salimos corriendo hacia el cuarto de marras; algo asomaba debajo de la colcha, una especie de cara desencajada que nada entendía. Para traducirlo en criollo, se pegó un jabón bárbaro
La repisa cayó sobre el escritorio; cayeron los libros, los recuerdos de la infancia, todo lo que había en el escritorio más la computadora, la lámpara y que se yo cuantas cosas más.
Mientras juntaba todo, apilaba libros y apartaba cajitas de CD destruidas, mi hijo encontró, como quien encuentra la “caja negra” (que en realidad es naranja fluorescente) de un avión siniestrado, la mitad de uno de los tornillos que soportaban la ya tristemente célebre repisa.
Lo tomo entre mis dedos, y el tornillo color bronce, que uno suponía de bronce, o algún metal más o menos decente; adentro es gris, ¿gris? ¿porqué gris?.
Pensé enseguida que estaría hecho de un material con que se hacen hebillas, llaveros y otras cosas, que se llama “zamac”, que es una aleación de zinc, aluminio, magnesio y cobre, nada resistente. El color es el mismo.
Pero suponiendo que el tornillo no es de zamac, y en realidad no me importa de que corno es, me pregunto ¿todo tiene que ser trucho?, porque si nos van a vender una ordinariez semejante, por lo menos que me lo digan, que el tipo que me los vende me diga “esta es otra de las porquerías que se fabrican para la gilada que necesita comprar barato” y yo decidiré si tengo que comprar basura porque no me alcanza para otra cosa, pero basta de vulgarizar todo, porque aunque yo tenga que comprar barato, si pido un tornillo, tiene que cumplir con los preceptos del tornillo.
Compré tornillos que pensé que eran como los de antes, cuando las cosas se hacían sin el espíritu mercantilista a ultranza que pone a quien fabrica esa porquería, a la altura de un estafador.
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