El 2 de Abril de 1982, me dirigí rápidamente hasta la puerta de calle para levantar el diario La Nación, con el que aprendí el hábito enfermizo de la lectura diaria de las noticias sobre papel, para ver que se había publicado sobre la recuperación de las Malvinas. En la primera plana se leía: “Desembarco argentino en el archipiélago de las Malvinas”. La mesura que siempre destacó al diario de los Mitre, me irritó por un momento, quería sentir la euforia…palparla. Me fui hasta el quiosco y pedí “Crónica”, que con letras inmensas gritaba: ARGENTINAZO ¡LAS MALVINAS RECUPERADAS!. Era lo que esperaba, porque el 2 de Abril debe ser fecha patria, no extensión de un fin de semana, como quieren que sea el 24 de Mayo.
Sabemos lo que siguió al desembarco; la farsa del canal oficial, la mentira; el heroísmo de la Aviación; el portaviones escondido; los pibes combatiendo sin instrucción y sin elementos… todo lo que tristemente sabemos.
Unos días después de la rendición, de la que Menéndez salió indemne a pesar de las bravuconadas estúpidas que profirió contra el “principito”. Y cuando digo “salió indemne”, no lo digo porque no le hicieron nada los ingleses, lo digo porque nosotros dejamos que saliera indemne, y porque sus zapatos estaban lustrados y su uniforme impecable, a diferencia del comandante británico, el que llegó a Puerto Argentino, embarrado, de fagina y con la cara de haber sufrido por perder hombres y por haber combatido.
Menéndez no fue el único indigno de esa guerra. Los conocemos a todos, los estamos viendo, los seguimos despreciando.
Yo no creo que recuperemos las Islas Malvinas, nuestra “hermanita perdida” que tanto queremos. No creo en su recuperación, pero sepa el pirata inglés, que yo se quienes son mis enemigos, lo tengo claro, como pocos lo tienen desde donde se teje el comercio y las relaciones bilaterales. Y también se quienes son los amigos de mis enemigos.
No quiero violencia, me conformo con la memoria intelectualmente honesta de los bien nacidos.
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