Si bien este no es un tema que tenga que ver con la tradición gaucha o con la temática habitual de El Tradicional, sí tiene que ver con lo que nos mueve a editar un periódico desde hace casi diez años, y es la educación.
Cada vez que se suspende una asamblea para elegir el nuevo decano de la Universidad de Buenos Aires, se me revuelve el estómago. Y cada vez que veo, por la mañana, las imágenes de las tomas, peleas y combates que se llevan a cabo, me entristezco sobremanera, y casi le diría que el mal humor ya me condiciona el día.
La política se está comiendo la cabeza de todos. No es posible que condicione el estudio y la preparación de los alumnos de una universidad que ha sido valorada en el mundo entero y que hoy da penosas muestras de barbarie, como le gustaba decir a Sarmiento, cuando no mirábamos hacia fuera y queríamos hacer un país nuestro y no para los otros.
Un grupo de quinientos militantes políticos, que además estudian, porque evidentemente, no son estudiantes que militan, está interrumpiendo la carrera de decenas de miles de alumnos que tiene la UBA. En nombre de la democracia, que nunca les interesó, por concepción política, destruyen la actividad democrática, con un pensamiento por demás fascista: si no gana el que yo quiero, no hay elección. Conclusión: no funciona la democracia. Esta gente defiende la democracia obstaculizando su desarrollo. ¿Qué diferencia hay con el que decía que las urnas estaban bien guardadas?. Ellos las guardan tomando (y destruyendo) edificios que son de todos y que pagamos todos.
Han ejercido violencia, y lamentablemente, la violencia engendra violencia.
Pero, al margen de los golpes, la violencia engendrada alcanza a toda la sociedad, que ve que nada mejora. Porque ejercer y promover la decadencia sobre una sociedad, sobre todo un pueblo, es violencia.
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