EDUARDO FALU Recuerdo de un arte magistral

31 Octubre 2017
Rara fotografía. A la izquierda se ve a Eduardo Falú con pelo.

Por Héctor García Martínez.  


        De ascendencia siria, fue muy arraigado a Salta, cuna de cantores y poetas, su tierra natal. Afirmaba con orgullo: “soy salteño como la empanada”. Vivió más de cincuenta años lejos del terruño, sin embargo mantuvo hasta el final de sus días: la provincianía. Reflejándose en la aromática tonada salteña, el hablar pausado, en la mirada calma y profunda, y una bonhomía que le brotaba en los poros.
“El hombre es tierra que anda”, sentencia que alude al paisaje llevado interiormente, nutrido de recuerdos y sentires apuntalados por la nostalgia.
Desde edad temprana, se inclinó al canto y la guitarra para nombrar ese paisaje salteño donde nació.
Con la campechania y sencillez que se caracterizaba, trasuntaba el espíritu de la copla anónima.
“Yo soy aquel cantorcito/ yo soy el que siempre he sido/ No me hago ni me deshago/ y en este ser nomas vivo”
Veinteañero, luego de cumplir con el servicio militar en el Quinto Regimiento de Caballería Martin Güemes, formó dúo con César Perdiguero, poeta, amigo y compañero de estudios en la Escuela Normal de Salta, donde “me incorporaban y desincorporaban por inasistencias”, afirmaba.
El dúo Falú-Perdiguero hizo las primeras armas cantando en Salta y provincias vecinas. Realizaban actuaciones radiales en emisoras salteñas. Una vez los escuchó el señor Mario Claras, gerente de Radio El Mundo de Buenos Aires. Los contrató de inmediato y se presentaron en tan importante emisora capitalina, catedral de radiofonía argentina. Transmitía en cadena a todo el país y parte del día en directo con Radio Carve de Montevideo.
Llegaron con el contrato bajo el brazo. Fueron de los artistas del interior llegados a la Capital Federal, que entraron por la puerta grande.
Debutaron el 3 de Mayo de 1945; la trascendencia fue inmediata. Paradójicamente en ese momento Falú lucía una abundante cabellera.
Hace años, a quien esto escribe comentaba muy risueño el maestro que cuando comenzó a actuar en Radio El Mundo, al terminar una de sus presentaciones, se acercó a saludarlo una señora de Salta, amiga de la familia que lo conocía de chico. Le dijo: “muy bien Eduardo, me alegro lo bien que te va con la guitarra… pero a ver cuándo vas a trabajar”. En esa época a los cantores, guitarreros, se los tenia por “vagos y mal entretenidos”.
Al poco tiempo del debut, Perdiguero regresa a Salta, para dedicarse al periodismo. A partir de entonces el cantor y guitarrista, inaugura una brillante trayectoria en el país y el exterior. Su mensaje deleitó a oyentes de distintas culturas: América, Japón, Europa. El sonido mágico de sus cuerdas, redondo, profundo, elástico como si viniera del más allá, está a la altura de las figuras cumbres de la guitarra clásica internacional. Por algo Segovia, que no le otorgaba elogios a cualquiera, en una ocasión le dijo en su acento castizo: “Usted tiene un lindo tremolar” (refiriéndose a la forma de tocar el trémolo).
Suma Paz, destacada cantante surera, sentía gran admiración y afecto por el músico salteño. En 1995, el periodista y comentarista de arte, Rene Vargas Vera, de La Nación, le hizo un reportaje en forma de libro: “SUMA PAZ, por la huella luminosa de YUPANQUI”, uno de los diálogos que mantuvo con Suma, fue el siguiente:
R.Vargas Vera: -Te pregunto porque se ha difundido la caprichosa idea que yo siempre discutí. Se dijo: Falú es la técnica, Atahualpa el alma. Esto equivale a sostener que Atahualpa solo tiene alma pero no técnica, y que Falú es pura técnica, sin alma ¡Absurdo!
Suma Paz: -A mí me fastidia enormemente cuando alguien dice esto. Porque es absolutamente falso. Falú, como dijo un japonesito de 16 años en una de esas evaluaciones públicas que hacen de los artistas extranjeros, es algo más que técnica. El chico solamente conocía a tres argentinos consagrados a la guitarra. El describe así: “Uno es el mensaje de una tierra agreste y fuerte; es Falú. Hay otro dijo- que es el hombre sabio del campo: Atahualpa. “Y ella (por mí dijo Suma) es la ternura de la tierra”
R.Vargas Vera: “Profundo buceo”
S.Paz: Era un chico de 16 años...en Japón. Estaba vestido con el trajecito Mao que llevan los estudiantes en Japón, con botoncitos, el cuellito pequeño y esa gorrita…

Falú ofreció conciertos en el mundo. En Malmoe, Suiza, asistían oyentes de países vecinos para aplaudirlo y ovacionarlo.
En 1964 actuó por primera vez en Japón, volvió en años posteriores. Ofreció un total de 200 conciertos en todo el territorio japonés. En este país, entonces, al terminar un concierto la gente dejaba su opinión en un papel. Uno decía: “Todo brillante, muy brillante su guitarra, muy brillante su ejecución… también muy brillante su cabeza”
De la misma forma cosechó aplausos, reconocimientos y elogios, en España, Holanda, Francia. Alemania. En este último país en un momento pensó radicarse temporalmente.
Como intérprete, uno de los lauros más importantes fue la difusión en el país y el exterior de EL CONDOR PASA, recopilación del peruano Alomías Robles. Lo había escuchado de joven en Salta, a músicos populares de Bolivia y Perú, que llegaban a trabajar a la provincia. Lo grabaron famosos grupos internacionales. Fue fondo musical de una película rodada en Europa.
En el campo discográfico, también tuvo logros memorables, de envergadura. La lista es extensa, recordemos algunos de ellos: CORONACIÓN DEL FOLKLORE Volumen 1- Grabado en los años 60 junto con Ariel Ramírez y Los Fronterizos en forma conjunta. Uno de los aspectos destacables son los dúos de guitarra y piano por Falú y Ramírez. Hasta entonces algo novedoso y de nivel a cargo de los mismos. Otro aspecto bien logrado en esta placa, es el tema AGUA Y SOL DEL PARANA (canción). En una parte alguno de los versos los cantan a dúo Eduardo Madeo y Falú, dándole un color y un matiz muy particular al tema. Posteriormente salió una segunda versión. A esto se suma Romance de la Muerte de Juan Lavalle, texto del escritor Ernesto Sábato, música de Falú. Constituyéndose así entre los precursores de obras integrales. Fue una época caracterizada por la composición de historias cantadas en forma de cantatas evocadoras del pasado argentino.
En agosto de 2013, el maestro Falú se descontó de la vida, dejándonos los frutos de su talento único, y el recuerdo de su ser afectuoso y humilde.
Cierta vez le oí a César Lizarrga, paisano jujeño de Tilcara, una antigua sentencia anónima del noroeste: “Los versos y las canciones permanecen para que la muerte no tenga la última palabra”. De ahí la vigencia de este artista singular que Salta brindó al mundo.
Su espíritu y talento se proyectan en la copla anónima que él recitaba en uno de los temas que interpretaba:
“Cuando se muera el que canta/ no lloren ni tengan pena./ Ponganlo en cajón de barro,/ priendanle velas de arena.”

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.